Los prefijos son partículas del lenguaje que se defienden poco aisladas, pero que transforman las raíces significativas cuando los añadimos al principio de las palabras (cuando hacen lo mismo pero se añaden al final, se llaman sufijos). Por ejemplo, tenemos dos significados opuestos en aparecer y desaparecer gracias a la magia de los prefijos ad-, que indica proximidad, en oposición a des-/dis-, que indica en este caso negación de la raíz parere: algo que se hace presente (por no decir «aparece»). Igual sucede en construir y destruir sobre la base de la raíz struo: juntar. Todos los anteriores de origen latino.
En estos casos, los prefijos están tan firmemente soldados a las raíces, que ya no los reconocemos, sino que nos parecen naturales: dos palabras diferentes. Y es cierto, pero se han formado en dependencia de los prefijos que matizan el significado de la raíz.
Del mismo modo, tenemos siempre a disposición prefijos para modificar el sentido de las palabras que manejamos en nuestra comunicación habitual, porque es importante lograr decir con precisión lo que ha surgido como un criterio o un proyecto en nuestra imaginación. No necesitamos tomar un curso de «prefijado», intuimos esas partículas con el modo misterioso que tiene el lenguaje de residir en nosotros. Tan espontáneo es este conocimiento, que si la palabra formada no funciona, lo sabremos: sonará incómoda o tendremos que hacer un esfuerzo para recordarla.
Solo sigamos una recomendación básica y, en mi opinión, muy sensata, cuando la pongamos por escrito: juntemos el prefijo con la raíz. Así lo hacemos sin dudar cuando nos referimos a un prejuicio, y entendemos que ese pre- significa antes, un juicio sin análisis ni evaluación. Igual con recomenzar (re-: volver a), desdecir (ya vimos des-)… y así podemos empezar a rescatar o inventar palabras: hiperalimentado, contraindicado, interpersonal, que, entendemos, va en una dirección diferente a intrapersonal.
Si tenemos que hacer una preevaluación no tendremos miedo de duplicar la vocal, porque si eliminamos una e nos metemos en el terreno de otra palabra: valuar (valorar). No es lo mismo preevaluar que prevaluar, ni mucho menos archilegal, que archiilegal. Si no hay ambigüedad posible, podemos eliminar la letra duplicada, como en sobresfuerzo, incluso mejor que sobreesfuerzo. Ahora, si la cosa se pone megarrequetecontradifícil y tenemos que juntar más de un prefijo para expresarlo, lo hacemos sin complicarnos y más bien nos enfocamos en la solución.
Casos especiales
Hay casos en los que el prefijo no «pega» bien, entonces:
- Unimos con guión corto cuando la palabra empieza con mayúscula, como en el caso de siglas y nombres propios, o cuando son números: intra-ONU, mini-USB, ultra-Chaplin, pos-2026.
- Separamos con un espacio cuando el término es compuesto, es decir, de más de una palabra: pro derechos humanos, ex agente especial, anti Chapulín Colorado.
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- El famoso post-/pos-. A veces esta t nos exige esfuerzos de pronunciación inusuales, por lo que la recomendación es eliminarla, excepto cuando la palabra a la que se une empiece con s o t: posmoderno, posoperatorio, postsocialista, pos-OTAN, pos Segunda Guerra.
Finalmente, nada nos prohíbe usar un guión cuando queremos hacer un énfasis especial, como una manera de llamar la atención hacia lo que el prefijo añade al significado original; por ejemplo, cuando es urgente re-pensar juntos un enfoque para encarar una situación. Es una manera de cocrear.
Fuentes:
Diccionario panhispánico de dudas (DPD), donde pueden encontrarse otros casos de duda: www.rae.es/dpd/prefijos
Álex Grijelmo (2007). La gramática descomplicada. Taurus.


