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El tetralema: de dos posturas a muchas posibilidades

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Entre el sí y el no, el tetralema nos recuerda que también existe el ‘quizás’, el ‘y’ y el ‘ninguno’.

¿Qué hacemos cuando no hay salida?
En la vida cotidiana y especialmente en los procesos sociales y comunitarios, los dilemas están a la orden del día. ¿Debe liderar el municipio o la comunidad? ¿Es mejor avanzar rápido o hacerlo bien? ¿Escuchamos todas las voces o priorizamos la eficiencia? Estas tensiones no siempre tienen una salida clara.
Lo complicado es que cuando un grupo queda atrapado entre dos posturas, el debate se convierte en una pulseada. Y ahí es cuando la facilitación necesita herramientas que permitan desbloquear. Una de ellas es el tetralema, una estructura lógica que ayuda a reformular las opciones.

¿Qué es el tetralema?
El tetralema viene de la lógica de la filosofía india. En lugar de presentar una disyuntiva entre dos caminos (“A” o “B”), nos propone mirar más allá, sumando dos nuevas posibilidades. Así, ante una pregunta o conflicto, se plantea:

  • A
  • B
  • Ambos (A y B)
  • Ninguno (ni A ni B)

A veces incluso se añade una quinta opción, abierta o indefinida. La clave está en que permite pensar fuera del marco del conflicto inicial, abriendo espacio a soluciones más creativas.

Una escena real
Durante un taller con actores comunales, apareció un dilema espinoso: “¿El catastro debe hacerlo el gobierno o las comunidades?” Algunos veían en el liderazgo estatal una garantía técnica; otros, una amenaza a sus derechos. La pregunta tensaba el ambiente. Entonces, propuse el tetralema. En lugar de votar entre A o B, los participantes exploraron:

  • ¿Y si ambos lideran con roles distintos?
  • ¿Y si nadie lidera y se crea un tercero neutral?
  • ¿Y si el problema no es quién lidera, sino cómo se construye confianza?

En menos de 30 minutos la energía del grupo cambió. Lo que era una trampa binaria se volvió un mapa de ideas. No hubo un consenso inmediato, pero sí un avance real en la comprensión mutua.

Conclusión
El tetralema, con su estilo cercano y casi lúdico, nos recuerda que pocas veces la realidad se reduce a dos opciones extremas. En procesos de concertación y participación, pensar en términos de “A, B, A y B, Ni A ni B o Ninguna” puede ser clave para desbloquear debates estancados.
La próxima vez que te encuentres ante un dilema comunitario o un tira y afloja entre posturas opuestas, ¿te animarías a probar el tetralema? Seguramente te sorprenda ver cómo una pregunta o varias fuera de la lógica de las polaridades puede abrir posibilidades más allá de “esto” o “aquello”.

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